Por: Jaime Rueda Domínguez
A raíz del anuncio hecho ayer por el alcalde de Barranquilla, Alejandro Char, informando que la emblemática calle 72 se llamará “Avenida Shakira Mebarak”, nuevamente se escuchan voces que preguntan: ¿Acaso no existe una Ley que prohíbe taxativamente designar con el nombre de personas vivas a vías públicas, escenarios deportivos o espacios abiertos de uso público?
Lo primero que hay que decir es que tal restricción no la impuso una Ley sino el Decreto 2759 de 1997, que prohibió en Colombia designar con el nombre de personas vivas a los bienes de uso público.
La disposición fue expedida el 14 de noviembre de 1997 y entró en vigencia el mismo día.
Sin embargo, la misma resolución hace una excepción y en un parágrafo único permite que “si se nombra un bien de uso público a una persona viva, este deberá ser a petición de la comunidad y siempre que la persona epónima (usado para nombrar un lugar) haya prestado servicios a la Nación”.
Así, por ejemplo, se zanjó la polémica desatada en la ciudad antes de los XXIII Juegos Centroamericanos y del Caribe de 2018, cuando en su segundo mandatado (2016-2019) la administración de Alejandro Char eliminó el nombre de Tomas Arrieta del viejo estadio de béisbol construido para los V Juegos Centroamericanos 1946, lo demolió y construyó en el mismo lugar el “Edgar Rentería”.
Igual se hizo con el Coliseo Cubierto Humberto Perea, construido en 1964, derrumbado por implosión el 26 de junio de 2016 y reemplazado por el Palacio de Combate “Sugar Baby Rojas”, donde se practica Judo, Taekwondo, Karate, Lucha, Wushu, Esgrima, Pesas y Boxeo.
De otra parte, Hay dos monumentos a Shakira (afueras del estadio Metropolitano y en el Gran Malecón).
Otros escenarios o lugares públicos locales que rindieron culto a personas vivas que después fallecieron:
Estadio Metropolitano ‘Roberto Meléndez’ (1986); Coliseo ‘Chelo de Castro (Universidad del Atlántico Sede Norte); estatua de ‘Esthercita Forero’; estadio de Softbol ‘Edgardo Shemel’ (recientemente fallecido); estadio de basquetbol ‘Toma Surí Salcedo’ rebautizado como el “Elías Chegwin” (lobby adelantado en vida por el propio dirigente cívico ante el Concejo Municipal); busto de Rafael Campo Miranda, frente al Museo Bolivariano en Soledad y estación de Transmetro ‘Pedro Ramayá Beltrán’.
Ahora, estos son los escenarios construidos en los últimos años, con nombres de deportistas y ex deportistas vivos:
Estadio de fútbol ‘Carlos Bacca’, en Puerto Colombia; estadio de fútbol ‘Víctor Danilo Pacheco’, en Suan; Complejo Acuático ‘Eduardo Movilla’; Pista de Patinaje ‘Alex Cujavante’; Unidad Deportiva ‘Carlos El Pibe Valderrama’ y Pista BMX ‘Daniel Eduardo Barragán’.
Igualmente, Julio Comesaña, el técnico más triunfador del Junior de Barranquilla, tiene busto en la Aleta del Tiburón o Ventana de Campeones.
El Decreto 2759 de 1997, en que apoyamos nuestra investigación, se origina en el Decreto 2987 del 6 de diciembre de 1945 “por el cual se determinan los nombres que en lo sucesivo deben llevar las instituciones destinadas al bien público y a la formación y difusión de la cultura”.
El entonces Presidente, Alberto Lleras Camargo, considerando: 1. Que es deber del Gobierno y de la ciudadanía fomentar en las actuales generaciones la gratitud y veneración a los grandes valores humanos que en el pasado contribuyeron a formar y a dar carácter a la nacionalidad colombiana.
2. Que dicho objetivo se logra con excepcional oportunidad consagrando a la memoria de esos grandes calores históricos las instituciones oficiales que se dedican al bien público ya la formación y difusión de la cultura, decretó:
Articulo Único. Las instituciones oficiales que en lo sucesivo se creen para el bien público, para la formación y difusión de la cultura, deberán llevar nombres que perpetúen la memoria de los grandes hombres desaparecidos o de los acontecimientos que hayan contribuido a la formación de la nacionalidad colombiana”.
En esta investigación no hemos incluido los teatros ‘Mario Ceballos Araújo” y ‘José Consuegra Higgins’ por ser de carácter privado.
En todo caso, la tendencia moderna es rendir tributo en vida a quienes han dedicado su existencia a promover nuestros valores y nuestra tierra en cualquier disciplina o corriente intelectual, y no cuando yazcan una fría tumba.
En conclusión: cambiarle el nombre a la calle 72 o Avenida Keneddy que ha llevado por seis décadas, que sólo los barranquilleros sesentones hacia arriba conocen, por la avenida Shakira Mebarak, no es nada nuevo, extraño, ni se está violando ninguna norma o decreto.